En el jardín inglés

Erase una vez

El título de la entrada es el nombre del sitio desde donde les traigo este microrrelato con un plus de “teoría” acerca de la escritura. Una pequeña dosis de lo que es parte del mundo de Lapizázulix y de lo que compartimos con otros; aprovechen lo que se pone en juego con este “lenguaje interrumpido o intervenido”

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Lo fantástico

El minotauro interior

Citando nuevamente un artículo de Borgeano, se me ocurre que en él está parte de lo que mis alumnos buscan entender cuando se trata de diferenciar entre el relato maravilloso y el fantástico. Bien es cierto que desde la aparición del realismo mágico las fronteras cada vez se desdibujan más. Sin embargo, la presencia de lo monstruoso (aun cuando ese aspecto esté dentro del mismo ser humano) parece una de las constantes que caracterizan el mundo de lo fantástico.

Además de obras que refieren al personaje del Minotauro (y no sólo en la mitología sino, por ejemplo, en “La casa de Asterión” de Jorge Luis Borges) se me presenta otro, el del hombre lobo, con diversas variantes que lo distancian de la vinculación superficial con ciertas creencias y que aparece, por ejemplo en La marca de la bestia, una obra que no muchos conocen de Rudyard Kipling (a quien varios celebran por El libro de la selva).

El cuento de la isla desconocida, por José Saramago — Poecraft Hyde

Les comparto este cuento del autor portugués José Saramago. Para quien nunca haya leído este autor notará y posiblemente se le complicará al principio la falta de signos de puntuación aplicados correctamente, característica principal del estilo de Saramago. Aún así se adapta uno rápidamente. Espero que lo disfruten. – El cuento de la isla […]

a través de El cuento de la isla desconocida, por José Saramago — Poecraft Hyde

De paso, que sirva la réplica de esta entrada como un homenaje para un escritor como José Saramago. El texto al que se hace referencia marca una clara diferencia con el estilo de las obras extensas del Premio Nobel.

En este caso, la mayor brevedad en relación con los otros textos, no significa de ningún modo linealidad o sencillez. Lo que quizás parece obvio no lo ha sido tanto si consideramos que hace un par de años atrás se enviaron ejemplares de esta obra a las escuelas para que la leyeran chicos de 13 años. Ojo: sabemos que hay alumnos más lectores de lo que ciertos docentes creen, pero también hemos experimentado (quienes trabajamos en la docencia) las dificultades que pueden surgir en la comprensión lectora de un texto breve; imagínense si además se le suma un juego especial con la puntuación.

En definitiva: un texto que pasa desapercibido por ciertos adultos y también un material interesante para trabajar como desafío a quienes queremos que otros aprendan desde sus propias prácticas lectoras, aun cuando el desafío haya sido apuntalado antes con otras experiencias más ortodoxas.