En el jardín inglés

Erase una vez

El título de la entrada es el nombre del sitio desde donde les traigo este microrrelato con un plus de “teoría” acerca de la escritura. Una pequeña dosis de lo que es parte del mundo de Lapizázulix y de lo que compartimos con otros; aprovechen lo que se pone en juego con este “lenguaje interrumpido o intervenido”

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Lo fantástico

El minotauro interior

Citando nuevamente un artículo de Borgeano, se me ocurre que en él está parte de lo que mis alumnos buscan entender cuando se trata de diferenciar entre el relato maravilloso y el fantástico. Bien es cierto que desde la aparición del realismo mágico las fronteras cada vez se desdibujan más. Sin embargo, la presencia de lo monstruoso (aun cuando ese aspecto esté dentro del mismo ser humano) parece una de las constantes que caracterizan el mundo de lo fantástico.

Además de obras que refieren al personaje del Minotauro (y no sólo en la mitología sino, por ejemplo, en “La casa de Asterión” de Jorge Luis Borges) se me presenta otro, el del hombre lobo, con diversas variantes que lo distancian de la vinculación superficial con ciertas creencias y que aparece, por ejemplo en La marca de la bestia, una obra que no muchos conocen de Rudyard Kipling (a quien varios celebran por El libro de la selva).

Mi género favorito — RubénGarcía

Revolviendo mis ideas en busca de una historia nueva me encuentro contigo. Cierro esa puerta pero me arrepiento al instante. Te revivo unos segundos, tus ojos, tu olor fresco, tus abrazos ligeros. Ahora cierro la puerta ligeramente, se que volveré a ti, mi extraño, triste e inolvidable género favorito.

a través de Mi género favorito  — RubénGarcía

Acá va un ejemplo de microrrelato. He logrado dar con algunos blogs que trabajan con estos textos de los que tanto hemos ya tratado en otros posts. Volveremos a ocuparnos de ellos con la idea de seguir cotejando estrategias y recursos.

BENDICIONES Y MALDICIONES

     El que transcribo a continuación es de un alumno de segundo año de la escuela secundaria: Boris. Había leído con ellos uno de los poemas de Oliverio Girondo que está en Espantapájaros y les sugerí que escribieran bendiciones y/o maldiciones al estilo de lo que usa nuestro poeta argentino en aquel caso. Sin más que agregar, sólo me resta comentar (y es lo menos importante) que este escrito no es del alumno modelo, con todo perfecto y sin ninguna duda sino de uno que, con o sin dudas, realiza las actividades, se compromete y persevera en su aprendizaje. Y esto último sí me resulta estimulante (para él y para mí; ¡qué más se puede pedir!).

      Que los niños te señalen al pensar que eres un monstruo, que cada vez que toques algo sientas que tus dedos se queman; que tu mujer te grite todos los días y que tus mejores amigos te escupan por repudio.

Que la gente te mire asqueada como si fueras lo peor que pudieran ver, que siempre huelas a basura quemada, que tus hijos sean marginados por tu culpa, que cada vez que veas a tus padres empiecen a decir groserías sobre ti; que tu actividad favorita sea deformarte la cara con un martillo mientras te rías.

    Que los sonidos que oigas sean cada vez más agudos y fuertes hasta que te sangren las orejas y que cada vez que estés parado sientas que tus pies se doblan y, cuando quieras sentarte, sentirás agujas oxidadas por todo el cuerpo; que cada vez que digas algo tengas menos años de vida y que tu pasatiempo sea lamer zapatos usados.

La tortuga cantora — Martes de cuento

El hombre es quien se obliga a las cosas. No son las cosas las que lo obligan a él.

a través de La tortuga cantora — Martes de cuento

Otro caso más, desde Martes de cuento, relacionado con la entrada anterior. En este caso, y por otras razones, se me ocurrió pensar en un relato de Alejandro Dolina en el que está presente el rol del canto o la música. Lo agrego a esta entrada pero también espero las asociaciones que quieran aportar:

LA ESFINGE CANTORA

Rostro de mujer, alas de águila, cuerpo de león, cola de serpiente. Clásica en su estampa, la Esfinge de Flores se distingue por preferir los enigmas musicales. En las noches oscuras, sale al paso de los viajero y les canta fragmentos de tangos, valses, estilos y pasodobles. La víctima debe identificar cada pieza. Al que no acierta, la Esfinge lo devora. nadie consigue pasar la prueba, pues el monstruo elige canciones olvidadas y es capaz de cantar durante horas hasta provocar el error que justifique su crimen.

NOTA: Manuel Mandeb se jactaba de haber vencido a la Esfinge. Según su dudoso testimonio, una noche fue capaz de reconocer obras tales como “Milonga Fina”, “La Montonera”, “La Canguela”, “Llueve” y “Recordar”. Después cantó él mismo. La horrible criatura no conocía el estilo “Palanganeando” y, en consecuencia, se suicidó.