INGLATERRA, ESCOCIA, IRLANDA…

La pagoda de Babel

Ese cuento del agujero en el suelo, que baja quién sabe hasta dónde, siempre me ha fascinado. Ahora es una leyenda musulmana; pero no me asombraría que fuera anterior a Mahoma. Trata del sultán Aladino; no el de la lámpara, por supuesto, pero también relacionado con genios o con gigantes. Dicen que ordenó a los gigantes que le erigieran una especie de pagoda, que subiera y subiera hasta sobrepasar las estrellas. Algo como la Torre de Babel. Pero los arquitectos de la Torre de Babel eran gente doméstica y modesta, como ratones, comparada con Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo. Aladino quería una torre que rebasara el cielo, y se elevara encima y siguiera elevándose para siempre. Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra abriendo interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma del soberbio Sultán se desmorona para siempre.

GILBERT KEITH CHESTERTON-inglés

Un creyente

Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

-Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?

-Yo sí -dijo el primero, y desapareció.

GEORGE LORING FROST-inglés (¿1887?)

“Vivir para siempre ”

Otro relato, recogido cerca de Oldengurg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer, ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en una iglesia. Todavía está allí, en la iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.

JAMES GEORGE FRAZER- escocés (1854-1941)

El discípulo

Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.

—¡Oh! —les respondió el río— aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba.

—¡Oh! —prosiguieron las flores de los campos— ¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.

—¿Era hermoso? —preguntó el río.

—¿Y quién mejor que tú para saberlo? —dijeron las flores—. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza…

—Si yo lo amaba —respondió el río— es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.

OSCAR WILDE- irlandés

La casa del juicio

Y el silencio reinaba en la Casa del Juicio, y el Hombre compareció desnudo ante Dios.

Y Dios abrió el Libro de la Vida del Hombre.

Y Dios dijo al Hombre:

—Tu vida ha sido mala y te has mostrado cruel con los que necesitaban socorro, y con los que carecían de apoyo has sido cruel y duro de corazón. El pobre te llamó y tú no lo oíste y cerraste tus oídos al grito del hombre afligido. Te apoderaste, para tu beneficio personal, de la herencia del huérfano y lanzaste las zorras a la viña del campo de tu vecino. Cogiste el pan de los niños y se lo diste a comer a los perros, y a mis leprosos, que vivían en los pantanos y que me alababan, los perseguiste por los caminos; y sobre mi tierra, esta tierra con la que te formé, vertiste sangre inocente.

Y el Hombre respondió y dijo:

—Si, eso hice.

Y Dios abrió de nuevo el Libro de la Vida del Hombre.

Y Dios dijo al Hombre:

—Tu vida ha sido mala y has ocultado la belleza que mostré, y el bien que yo he escondido lo olvidaste. Las paredes de tus habitaciones estaban pintadas con imágenes, y te levantabas de tu lecho de abominación al son de las flautas. Erigiste siete altares a los pecados que yo padecí, y comiste lo que no se debe comer, y la púrpura de tus vestidos estaba bordada con los tres signos infamantes. Tus ídolos no eran de oro ni de plata perdurables, sino de carne perecedera. Bañaban sus cabelleras en perfumes y ponías granadas en sus manos. Ungías sus pies con azafrán y desplegabas tapices ante ellos. Pintabas con antimonio sus párpados y untabas con mirra sus cuerpos. Te prosternaste hasta la tierra ante ellos, y los tronos de tus ídolos se han elevado hasta el sol. Has mostrado al sol tu vergüenza, y a la luna tu demencia.

Y el Hombre contestó, y dijo:

—Sí, eso hice también.

Y por tercera vez abrió Dios el Libro de la Vida de Hombre.

Y Dios dijo al Hombre:

-Tu vida ha sido mala y has pagado el bien con el mal, y con la impostura la bondad. Has herido las manos que te alimentaron y has despreciado los senos que te amamantaron. El que vino a ti con agua se marchó sediento, y a los hombres fuera de la ley que te escondieron de noche en sus tiendas los traicionaste antes del alba. Tendiste una emboscada a tu enemigo que te había perdonado, y al amigo que caminaba en tu compañía lo vendiste por dinero, y a los que te trajeron amor les diste en pago lujuria.

Y el Hombre respondió:

-Si, eso hice también.

Y Dios cerró el Libro de la Vida del Hombre y dijo:

-En verdad, debía enviarte al infierno. Sí, al infierno debo enviarte.

Y el Hombre gritó:

-No puedes.

Y Dios dijo al Hombre:

-¿Por qué no puedo enviarte al infierno? ¿Por qué razón?

-Porque he vivido siempre en el infierno -respondió el Hombre.

Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.

Y al cabo de un momento. Dios habló y dijo al Hombre.

-Ya que no puedo enviarte al infierno, te enviaré al Cielo. Sí, al cielo te enviaré.

Y el Hombre clamó:

-No puedes.

Y Dios dijo al Hombre:

-¿Por qué no puedo enviarte al Cielo? ¿Por qué razón?

-Porque jamás y en parte alguna he podido imaginarme el Cielo -replicó el Hombre.

Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.

OSCAR WILDE- irlandés

Un tercero en discordia

En su Vida de Apolonio, refiere Filostrato que un mancebo de veinticinco años, Menipio Licio, encontró en el camino de Corinto a una hermosa mujer, que tomándolo de la mano, lo llevó a su casa y le dijo que era fenicia de origen y que si él se demoraba con ella, la vería bailar y cantar y que beberían un vino incomparable y que nadie estorbaría su amor. Asimismo le dijo que siendo ella placentera y hermosa, como lo era él, vivirían y morirían juntos. El mancebo, que era un filósofo, sabía moderar sus pasiones, pero no ésta del amor, y se quedó con la fenicia y por último se casaron. Entre los invitados a la boda estaba Apolonio de Tiana, que comprendió en el acto que la mujer era una serpiente, una lamia, y que su palacio y sus muebles no eran más que ilusiones. Al verse descubierta, ella se echó a llorar y le rogó a Apolonio que no revelara el secreto. Apolonio habló; ella y el palacio desaparecieron.

ROBERT BURTON-inglés-(1577-1640)

Párrafos trocados

Una vez estaba tendido en la cama del dormitorio, llorando bajo las sábanas porque era la primera semana del trimestre y todavía faltaban doce infinitas semanas para las vacaciones. Y yo tenía miedo de… de todo. Era invierno y de pronto vi que la ventana de mi cuarto se empañaba con un vapor caliente. Limpié el vapor con la mano y miré hacia abajo. Allí estaba el dragón, echado en la calle húmeda y negra, parecía un cocodrilo en un arroyo. Antes nunca había abandonado el ejido porque todos estaban en contra de él… Como también creía que estaban contra mí. Hasta la policía guardaba rifles en un armario para matarlo si se acercaba a la ciudad. Pero allí estaba, tendido e inmóvil, respirándome cálidas nubes de aliento. Se había enterado de que las clases habían vuelto a empezar y sabía que yo era desdichado y estaba solo.

Quizá tú no necesites la ayuda de un dragón, pero yo la necesitaba. Todo el mundo detestaba a mi dragón y querían matarlo. Temían al humo y a las llamas que salían de su boca cuando estaba enfadado. Por las noches yo solía escabullirme de mi dormitorio y llevarle latas de sardinas de mi caja de provisiones. Él las cocinaba dentro de la lata, con su aliento. Le gustaban calientes.

GRAHAM GREENE-inglés-(1904-1991)

El maestro

Y cuando las tinieblas cayeron sobre la tierra, José de Arimatea, después de haber encendido una antorcha de madera resinosa, descendió desde la colina al valle.

Porque tenía que hacer en su casa. Y arrodillándose sobre los pedernales del Valle de la Desolación, vio a un joven desnudo que lloraba.

Sus cabellos eran color de miel y su cuerpo como una flor blanca; pero las espinas habían desgarrado su cuerpo, y a guisa de corona, llevaba ceniza sobre sus cabellos.

Y José, que tenía grandes riquezas, dijo al joven desnudo que lloraba.

—Comprendo que sea grande tu dolor porque verdaderamente Él era justo.

Mas el joven le respondió:

—No lloro por él sino por mí mismo. Yo también he convertido el agua en vino y he curado al leproso y he devuelto la vista al ciego. Me he paseado sobre la superficie de las aguas y he arrojado a los demonios que habitan en los sepulcros. He dado de comer a los hambrientos en el desierto, allí donde no hay ningún alimento, y he hecho levantarse a los muertos de sus lechos angostos, y por mandato mío y delante de una gran multitud, una higuera seca ha florecido de nuevo. Todo cuanto él hizo, lo he hecho yo.

—¿Y por qué lloras, entonces?

—Porque a mí no me han crucificado.

OSCAR WILDE- irlandés

Los nuevos hermanos siameses

Era una mujer que tuvo dos hijos gemelos y unidos a lo largo de todo el costado.

-No podrán vivir –dijo un doctor.

-No podrán vivir –dijo otro, quedando deahuciados los nuevos hermanos siameses.

Sin embargo, un hombre con fantasía y suficiencia, que se enteró del caso, dijo:

-Podrán vivir… Pero es menester que no se amen, sino que, por el contrario, se odien, se detesten.

Y dedicándose a la tarea de curarlos, les enseñó la envidia, el odio, el rencor, los celos, soplando al oído del uno y del otro las más calumniosas razones contra el uno y contra el otro, y así el corazón se fue repartiendo en dos corazones, y un día un sencillo tirón los desgajó y los hizo vivir muchos años separados.

OSCAR WILDE- irlandés.

Parábola de la educación

Iba un hombre caminando por el desierto cuando oyó una voz que le dijo:

-Levanta unos guijarros, mételos en tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento.

Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo. A la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas. Y se sintió triste y feliz.

Feliz, por haber recogido los guijarros; triste, por no haber recogido más.

 Lo mismo ocurre con la educación.

WILLIAM CUNNINGHAM– escocés-(1805-1861)

El sueño de un rey

-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?

-Nadie lo sabe.

-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?

-No lo sé.

-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.

LEWIS CARROLL- inglés (1832-1898)

El árbol del orgullo

Si bajan a la Costa de Berbería, donde se estrecha la última cuña de los bosques entre el desierto y el gran mar sin mareas, oirán una extraña leyenda sobre un santo de los siglos oscuros. Ahí, en el límite crepuscular del continente oscuro, perduran los siglos oscuros. Sólo una vez he visitado esa costa; y aunque está enfrente de la tranquila ciudad italiana donde he vivido muchos años, la insensatez y la trasmigración de la leyenda casi no me asombraron, ante la selva en que retumbaban los leones y el oscuro desierto rojo. Dicen que el ermitaño Securis, viviendo entre árboles, llegó a quererlos como a amigos; pues, aunque eran grandes gigantes de muchos brazos, eran los seres más inocentes y mansos; no devoraban como devoran los leones; abrían los brazos a las aves. Rogó que los soltaran de tiempo en tiempo para que anduvieran como las otras criaturas. Los árboles caminaron con las plegarias de Securis, como antes con el canto de Orfeo. Los hombres del desierto se espantaban viendo a lo lejos el paseo del monje y de su arboleda, como un maestro y sus alumnos. Los árboles tenían esa libertad bajo una estricta disciplina; debían regresar cuando sonara la campana del ermitaño y no imitar de los animales sino el movimiento, no la voracidad ni la destrucción. Pero uno de los árboles oyó una voz que no era la del monje; en la verde penumbra calurosa de una tarde, algo se había posado y le hablaba, algo que tenía la forma de un pájaro y que otra vez, en otra soledad, tuvo la forma de una serpiente. La voz acabó por apagar el susurro de las hojas, y el árbol sintió un vasto deseo de apresar a los pájaros inocentes y de hacerlos pedazos. Al fin, el tentador lo cubrió con los pájaros del orgullo, con la pompa estelar de los pavos reales. El espíritu de la bestia venció al espíritu del árbol, y éste desgarró y consumió a los pájaros azules, y regresó después a la tranquila tribu de los árboles. Pero dicen que cuando vino la primavera todos los árboles dieron hojas, salvo este que dio plumas que eran estrelladas y azules. Y por esa monstruosa asimilación, el pecado se reveló.

GILBERT KEITH CHESTERTON-inglés-(1874-1936)

El artista

Una tarde le vino al alma el deseo de dar forma a una imagen del Placer que se posa un instante. Y se fue por el mundo a buscar bronce, pues sólo en bronce podía concebir su obra.

Pero había desaparecido el bronce del mundo entero; en parte alguna del mundo entero podía encontrarse bronce, salvo el bronce sólo de la imagen del «Dolor que dura para siempre».

Era él quien había forjado esta imagen con sus propias manos, y la había puesto sobre la tumba de lo único que había amado en la vida. Sobre la tumba de lo que más había amado en la vida y había muerto había puesto esta imagen hechura suya, como prenda y señal del amor humano que no muere nunca, y como símbolo del dolor humano que dura para siempre. Y en el mundo entero no había más bronce que esta imagen.

Y tomó la imagen que había forjado y la puso en un gran horno y se la entregó al fuego.

Y con el bronce de la imagen del Dolor que dura para siempre esculpió una imagen del Placer que se posa un instante.

OSCAR WILDE- irlandés

El imán

Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.

Al fin prevalecieron las impacientes, y en un impulso irresistible la comunidad entera gritó:

-Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.

La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.

OSCAR WILDE- irlandés-(1854-1900)

La obra y el poeta

El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.

RICHARD FRANCIS BURTON- inglés-(1821-1890)

Cuando empecé a buscar los textos para esta entrada imaginaba la típica relación que suele conocerse entre ingleses, irlandeses y escoceses, aquella que los vincula como vecinos dentro de las islas que conforman Gran Bretaña y con una difícil convivencia en relación con sus costumbres, culturas, ideologias.

Ahora que reviso el resultado de mi recopilación no puede menos que surgirme una sonrisa al darme cuenta de que pese a rivalidades políticas, económicas… ingleses, escoceses e irlandeses se muestran aquí como complementarios y compatibles entre sí, al menos por lo que respecta a un mismo interés literario: historias que, con o sin exhibición de escepticismo o ironía, sorprenden porque confluyen en una especie de intención didáctico-moralizante.

En algunos casos nos encontramos con historias que retoman hechos procedentes de la Biblia, de la mitología o de la tradición vinculada con fábulas, parábolas, etc.

Se distinguen de algún modo del conjunto, las que indico a continuación:

  • «Un creyente» (George Frost): se dedica a retomar la tradición de las historias en las que se descubre que uno de los personajes es víctima de un fantasma

-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

-Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?

-Yo sí -dijo el primero, y desapareció.

  • «Un tercero en discordia» (Robert Burton): independientemente de que el ámbito hace referencia a lo griego y fenicio, la cuestión de que Apolonio salve al filósofo de un destino aciago por descubrir que tras su futura mujer había en realidad una serpiente (con la que desaparece todo lo ilusorio y aparente cuando es desenmascarada) agrega a la historia cierto sesgo de narración de terror que sobrepasa la intención de aleccionar

Entre los invitados a la boda estaba Apolonio de Tiana, que comprendió en el acto que la mujer era una serpiente, una lamia, y que su palacio y sus muebles no eran más que ilusiones. Al verse descubierta, ella se echó a llorar y le rogó a Apolonio que no revelara el secreto. Apolonio habló; ella y el palacio desaparecieron.

  • «Párrafos trocados» (Graham Greene): el personaje del dragón es poco relevante en este caso; lo más interesante está en lo que de él se aprovecha dentro del relato. Dos párrafos leídos en el orden en que se presentan o invirtiéndolos (como aparentemente sugiere el título, habrían sido cambiados) no sólo nos revelan al dragón como una forma de representar lo más íntimo de quien relata; además nos desafían a plantearnos cómo salir del círculo en el que la lectura alternada de un orden u otro nos colocan frente al dilema «¿primero el huevo o la gallina?»

Quizá tú no necesites la ayuda de un dragón, pero yo la necesitaba. Todo el mundo detestaba a mi dragón y querían matarlo. Temían al humo y a las llamas que salían de su boca cuando estaba enfadado. Por las noches yo solía escabullirme de mi dormitorio y llevarle latas de sardinas de mi caja de provisiones. Él las cocinaba dentro de la lata, con su aliento. Le gustaban calientes.

  • «El sueño del rey» (Lewis Carroll): aquí está presente otra típica temática de la literatura, aquella que se plantea el hecho de quien sueña a otro a su vez es soñado (y esta situación puede repetirse infinitamente para algunos) y en consecuencia quien despierte, quien deje de soñar, marcará el final de la vida del soñado

-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.

  • «La obra y el poeta» (Richard Burton): además de traernos un ambiente vinculado con la India (Hanuman, como el dios Mono de La bella y la bestia de Rudyard Kipling) esta historia nos enfrenta a la cuestión de la relación entre ficción y realidad, entre la obra creada y lo que ella puede hacer por su creador; en algún punto la relación sueño/realidad; ficción/realidad y la puesta en juego de la autonomía que puedan o no tener son algo que este cuento y el de Lewis Carroll exponen

En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.

  • «Los nuevos hermanos siameses» (Oscar Wilde): si se planteara la duda acerca de si salvar la vida o el alma, no podría encontrarse la respuesta aquí. El narrador nos propone la única forma en que puedan vivir dos siameses, hermanos condenados a morir en poco tiempo debido a su condición: el remedio es el odio, la envidia y todo sentimiento que puje por separarlos (que en este caso se vuelve algo literal)

Y dedicándose a la tarea de curarlos, les enseñó la envidia, el odio, el rencor, los celos, soplando al oído del uno y del otro las más calumniosas razones contra el uno y contra el otro, y así el corazón se fue repartiendo en dos corazones, y un día un sencillo tirón los desgajó y los hizo vivir muchos años separados.

  • «Vivir para siempre» (James Frazer): sin duda es este un tema recurrente a lo largo de diferentes culturas y literaturas y que nos ha traído otros vinculados como la alquimia, la eterna juventud… Aquí queda expuesto cuál es el destino que le espera a alguien cuyo deseo sea desmesurado: se puede vivir para siempre… pero nadie se plantea en qué condiciones

pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en una iglesia. Todavía está allí, en la iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.

  • «El artista» (Oscar Wilde) nos muestra al mismo hombre que, según el momento en el que se encuentra, es capaz de modelar con el mismo material lo que representa su Placer y lo que expresa su Dolor, como modos de expresar lo que todo hombre puede sentir en similares circunstancias. Este hombre, claramente, es un artista porque logra crear, recrear… (no sólo podría estar hablando de la imagen del ARTISTA sino también de aquel que sea capaz de actuar como artífice de su propia vida)

Y con el bronce de la imagen del Dolor que dura para siempre esculpió una imagen del Placer que se posa un instante.

Ciertamente en lo que sigue nos encontraremos con algunos hilos para vincular con los relatos anteriores. Sin embargo, los que continúan los he distinguido porque tienen más exacta o directa relación con la tradición grecolatina, la narración de fábulas y parábolas, los relatos que contienen explícita o implícitamente una moraleja o enseñanza. Sí es cierto que en algunos de los anteriores podemos encontrar recursos y situaciones similares a las que se plantean a continuación, pero confío en el recorrido que cada uno realice y en la posibilidad de que en algún momento podamos intercambiar opiniones acerca de las relaciones que hemos establecido.

«La pagoda de Babel» (Gilbert Keith Chesterton), «La casa del juicio» (Oscar Wilde), «El maestro»(Oscar Wilde) se relación directamente con la tradición bíblica y la concepción cristiana de Cielo e Infierno. Algunos podrían considerar más irreverente a Wilde: por ejemplo porque en «La casa del juicio» todo finaliza cuando el Hombre señala que tampoco se lo puede condenar al Cielo puesto que nunca ha podido IMAGINARLO;

-¿Por qué no puedo enviarte al Cielo? ¿Por qué razón?

-Porque jamás y en parte alguna he podido imaginarme el Cielo -replicó el Hombre.

Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.

o quizás también cuando en «El maestro» nos señala el dolor que siente uno de los discípulos de Jesús porque, habiendo hecho lo que su maestro predicaba y habiéndolo emulado en todo, no ha sido merecedor de la crucifixión.

—Comprendo que sea grande tu dolor porque verdaderamente Él era justo.

Mas el joven le respondió:

—No lloro por él sino por mí mismo. .

De todos modos, no es menos cierto que en el relato de Chesterton esa pagoda (y el término proveniente de la cultura oriental llama la atención) que se compara con la Torre de Babel en lugar de elevarse o destruirse se convierte en el castigo apropiado: se hundirá en la tierra como un pozo sin fondo (como el diablo en el Infierno) por donde caerán aquellos que la han planeado.

Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra abriendo interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma del soberbio Sultán se desmorona para siempre.

«El discípulo» (Oscar Wilde) se diferencia de los anteriores porque se vincula con la mitología grecolatina. De todos modos, como versión de un mito, siempre hay algo que deja por decir puesto que lo completará quien lea.

—Si yo lo amaba —respondió el río— es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.

«El árbol del orgullo» (Gilbert Keith Chesterton), «Parábola de la educación» (William Cunningham), «El imán» (Oscar Wilde) despliegan recursos y temáticas que están presentes en el folklore de diferentes culturas, en relatos legendarios, en tradiciones que a veces están ligados con lo religioso pero no siempre. El cuento de Chesterton expone a aquel que se revela a sí mismo como culpable porque no puede disfrazar lo que ha sucedido (en este caso vinculado con la norma de no actuar como los animales en cuanto a voracidad y otras costumbres -lo cual por cierto recuerda al hombre-);

El espíritu de la bestia venció al espíritu del árbol, y éste desgarró y consumió a los pájaros azules, y regresó después a la tranquila tribu de los árboles. Pero dicen que cuando vino la primavera todos los árboles dieron hojas, salvo este que dio plumas que eran estrelladas y azules. Y por esa monstruosa asimilación, el pecado se reveló

en el caso de Wilde recurre a un fenómeno físico para representar lo que les puede suceder a las personas cuando no son capaces de utilizar su capacidad de discernir (es curioso: el título, aunque sea casi transparente en relación con lo que aparece en la historia, remite a mi juicio a una tradición oriental puesto que ese nombre tenían ciertos personajes con influencias religiosas en comunidades arábigas);

La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.

por último: Cunningham retoma la tradición de la parábola como el tipo de relato que da enseñanzas, en este caso positivas, para emprender el camino de la vida.

-Levanta unos guijarros, mételos en tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento.

Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo. A la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas. Y se sintió triste y feliz.

Feliz, por haber recogido los guijarros; triste, por no haber recogido más.

 Lo mismo ocurre con la educación.

3 comentarios sobre “INGLATERRA, ESCOCIA, IRLANDA…

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