BENDICIONES Y MALDICIONES

     El que transcribo a continuación es de un alumno de segundo año de la escuela secundaria: Boris. Había leído con ellos uno de los poemas de Oliverio Girondo que está en Espantapájaros y les sugerí que escribieran bendiciones y/o maldiciones al estilo de lo que usa nuestro poeta argentino en aquel caso. Sin más que agregar, sólo me resta comentar (y es lo menos importante) que este escrito no es del alumno modelo, con todo perfecto y sin ninguna duda sino de uno que, con o sin dudas, realiza las actividades, se compromete y persevera en su aprendizaje. Y esto último sí me resulta estimulante (para él y para mí; ¡qué más se puede pedir!).

      Que los niños te señalen al pensar que eres un monstruo, que cada vez que toques algo sientas que tus dedos se queman; que tu mujer te grite todos los días y que tus mejores amigos te escupan por repudio.

Que la gente te mire asqueada como si fueras lo peor que pudieran ver, que siempre huelas a basura quemada, que tus hijos sean marginados por tu culpa, que cada vez que veas a tus padres empiecen a decir groserías sobre ti; que tu actividad favorita sea deformarte la cara con un martillo mientras te rías.

    Que los sonidos que oigas sean cada vez más agudos y fuertes hasta que te sangren las orejas y que cada vez que estés parado sientas que tus pies se doblan y, cuando quieras sentarte, sentirás agujas oxidadas por todo el cuerpo; que cada vez que digas algo tengas menos años de vida y que tu pasatiempo sea lamer zapatos usados.