JUAN JOSÉ ARREOLA

También nacido en México, este escritor falleció hace ya casi 15 años (que se cumplirán a fin de año). Recuerdo que en las publicaciones 17 y 18 en formato papel, correspondientes al año 2008, yo había incluido “Teoría de Dulcinea” y “Cuento de horror” (este último tiene un “mellizo” en un cuento de nuestro escritor Marco Denevi, lo cual demuestra qué tan diferentes temáticas -aun en la condensación del microrrelato- se pueden plantear a partir del mismo título.

Les ofrezco a continuación algunos ejemplos al pasar de los microrrelatos de Arreola, esperando que los incite a seguir buscando y también a leer sus cuentos de mayor desarrollo.

 “Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco” 

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.

 “El mundo”

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

 “Cuento de horror” 
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

Ya que estamos: acá va “Cuento de horror” de Marco Denevi, así ustedes comentan sus propias conclusiones.

 

Cuento de horror Marco Denevi

La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:

-Thaddeus, voy a matarte.

-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.

-¿Cuándo he bromeado yo?

-Nunca, es verdad.

-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?

-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.

-Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.

El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sisema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

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