ANA MARÍA SHUA

Nacida en 1951, Ana María Shua ha escrito obras para diversos públicos. En este caso lo que nos interesa está vinculado con la escritura de textos breves. Tiene una serie de Siete Cenicientas que en otra entrada les presentaré. Por lo pronto aquí van algunos ejemplos de su estilo narrativo:

La construcción del universo 

     Siete millones de eones tardó en construirse el universo verdadero. El nuestro es sólo un proyecto, la maqueta a escala que el gran arquitecto armó en una semana para presentar a los inversores.

Estuve allí.

El universo terminado es muchísimo más grande, por supuesto, y más prolijo. En lugar de esta representación torpe, hay una infinita perfección en el detalle.

Y sin embargo, como siempre, los inversores se sienten engañados. Como siempre, realizar el proyecto llevó más tiempo, más esfuerzo, más inversión de lo que se había calculado. Como siempre, recuerdo con nostalgia esa torpe gracia indefinible de la maqueta que usaron para engañarlos.

No deberíamos quejarnos.

 

Otro pacto con el diablo 

      El exceso de oferta hace bajar los precios. Almas excelentes se venden por favores minúsculos (un departa­mento de dos ambientes, seis meses de juventud, los favores de una dama de cierta edad, garantía contra los cortes de luz). Sobre todo, hay que tener paciencia. El Señor del Mal es ubicuo pero no se prodiga: por no malbaratar su imagen, se reserva para los grandes contribuyentes. En el depar­tamento de compras, su equipo hace lo que puede. Hay almas que están en el Paraíso sólo porque sus dueños se pasaron toda la vida esperando inútil­mente una propuesta tentadora.

 

Costumbres argentinas 

       En el día de su natalicio los parientes rodean al niño argentino y formando pinza con el índice y el pulgar tiro­nean de su pabellón auricular hacia abajo tantas veces como revolu­ciones haya completado el planeta alrededor del sol desde el día de su nacimiento. Eso no impide que al crecer se con­viertan en adultos escépticos y desdichados.

 

Por única vez 

      Más de cuatro cisnes muertos por asfixia desde aquel instante de goce perfecto, de goce divino, que Leda insiste inútilmente en recrear.

 Naufragio

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Bien, por ahora es todo. Volveremos con textos de esta autora y de otras escritoras talentosas en Latinoamérica. También habrá oportunidad de trabajar sobre narradores no tan conocidos y por descubrir.

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