MÁS TEXTOS DE ALUMNOS

     Desde que dejé de realizar las publicaciones en papel anda por la nube un montón de material que he archivado cuidadosamente. Por suerte tuve tiempo de pasar a un archivo los cuentos que ya tenía; los que surjan nuevos ya van directo a la computadora. Mientras espero a los nuevos escritores iré ingresando por aquí algunos de los textos que tengo en un archivo de más de 52 páginas. Aquí van algunos. Ah, y todavía falta empezar a incluir los “apócrifos” que tengo guardados: frases de mis alumnos con el estilo sentencioso del refrán pero con algún giro cómico, irónico o de otra especie.

Un vacío apagado en silencio (FLORENCIA PABÓN -4º.7ª-2009)
Era de noche y se sentía sola, se encontraba en una cama que no le pertenecía, había ido de visita por un día y se quedó tres noches que se volvieron eternas.
Un sentimiento de amargura le traspasaba el cuerpo diciéndole a su alma que nada podía ocurrirle, que nada tenía que perder porque nada tenía. Estaba sola y ensimismada, hojeando unos exactos y tristes ejercicios de matemáticas para no perderse en una mente atrofiada. Por momentos que, creía, habían sido fatales en su vida, se veía ahogada, angustiada, perdida… Pero en ese instante cada vez más vacío sintió que nada podría llenarlo; entonces salió de esa cama cautelosamente, sin mirar a aquellos niños puros, luces cálidas llenas de ternura y esperanza, que dormían cerca de ella. Sigilosamente se dirigió hacia la cocina; en ese momento dos imágenes de amor y de cólera cruzaron su mente vacía e insana: primero su madre, aquella que le había dado la vida sin saber cuánto dolor podía causarle; después, su nunca padre, aquel ausente que no sabía si aún ella seguía con vida.
Cuando la encontraron yacía eterna, acurrucada, dormida al lado de la cocina; su mente estaba apagada y su corazón roto y en silencio.

“Rebeca Buendía” (ROCÍO MONSERRAT MÍGUEZ PALACIO- 5°7°) 2005
Inspirado en el personaje de Rebeca Buendía (Cien años de soledad)
Era de noche, y la oscuridad invadía todo Macondo. Hacía tiempo ya de la muerte de José Arcadio y su viuda estaba cada vez más asqueada de la monotonía con que vivía cada día. Muchos en el pueblo dormían, y los que no lo hacían estaban tan entretenidos que nadie advirtió que, de la casa donde hacía años estaba confinada Rebeca Buendía, salía una silueta cargada de bultos.
Esa casa no volvió a abrirse y todo el pueblo estaba impaciente por saber si su dueña seguía con vida. Finalmente un grupo de personas entró en la casa (con el objeto de “repararla”, porque estaba muy destruida) y, tal como Rebeca lo había planeado, creyeron que ese muñeco que aparentaba sólo piel y huesos y esa mala grabación de radioteatro eran ella, y se limitaron a hacer refacciones en la fachada únicamente.
Pues bien, aquella silueta cargada de bultos que había huido esa noche, es decir Rebeca, había descubierto que justo bajo su casa se encontraba cierto tesoro (del que nadie en Macondo estaba enterado) y decidió abandonar la ciénaga. Con este capital se había instalado en alguna playa del sur y en un hogar de ancianos había fallecido a los 89 años, de muerte natural, mientras dormía.
Por otro lado, en Macondo nadie había vuelto a entrar a la casa que le había pertenecido y Amaranta había desperdiciado una gran cantidad de tiempo en aquella mortaja que jamás nadie usó.

 

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