Rescatando textos (y recuerdos)

     Desde que empecé con este proyecto fui acopiando material de alumnos; algunos de los míos, otros que me traían profesores de otros cursos, varios surgidos en talleres o concursos. Cuando la publicación se hacía sólo en papel el número de textos de cada publicación era reducido; a partir del momento en que decidí que papel y blog no sólo convivieran sino que el blog tuviese mayor independencia, evidentemente la cantidad de textos por publicar se amplió.

     Esta es la razón por la cual se van a encontrar con relatos de alumnos actuales pero también con que voy a ir rescatando del arcón de los recuerdos varios cuentos que no pudieron ser publicados pero no dejan de ser interesantes y, al menos para mí, valiosos. He aquí algunos:

“Federico” (LUISINA SORIA -2º.5ª.- 2004)
¡Federico! ¡Federico!
Horacio se desespera. Su amigo no responde.
Federico se ve alejándose de la habitación, de la cama. Recuerda a la vieja gitana. Ella le había dicho que fallecería pronto.
Se desespera; recuerda a Papani, el duelo. No lo comprende: sólo “ese” lo odiaba y por eso no había ido al duelo. Pero… ¿Quiroga? Era cosa de no creer. La bala, alojada en el occipital, lo contradecía todo.
Horacio, desesperado, llora pidiendo perdón, sabe que no tendría que haber tomado el arma. Mira el rostro del muerto, besa la mano de su amigo.

Federico abre la puerta y va hacia la luz.

“Optimismo fantasioso” (LUCIANO BASTANZIO-4°3°) 2009
Tres músicos entre llamadores de ángeles, evitando que me acerque a esa sirena que me rodea por amor.
(¿No puedo elegir? No, no hay un intermedio que diga Tierra; solo cielo e infierno- me digo.)
Uno de los músicos me invita a cantar junto a su música y ellos. “No sé si cantar, tengo miedo. Quiero cantar con ella, para expresarle lo que siento”, respondo. “¿Quién es ella?”, me preguntan, como si no hubiese nadie. Me doy la vuelta y ya no está. Los músicos dejaron de tocar.
Volví a mi casa, triste por no haber tocado, pero sabiendo que me dieron una segunda oportunidad, la última, para elegir seguir soñando o despertar.
(Me digo: ¿No hay una tercera? Sí, más de una tercera, pero en tu inconsciente, hasta que llegue el día de optar por un desvío; el camino que pisas se está acortando y no hay una ruta recta)

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