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 “El traductor apresurado”

Eduardo Berti

Un muy novato editor de París, que dirigía una colección que daba preponderancia a los libros clásicos (no por amor a las “obras inmortales”, sino porque los literatos muertos no pretenden regalías), dio a traducir la novela Vathek, de William Beckford, sin saber que el inglés la había escrito originalmente en francés y que la versión que él tomaba como texto madre no era otra cosa que la traducción del reverendo Samuel Henley.

El traductor que recibió el encargo –un afable especialista en letras góticas- nada dijo del error, muy al contrario, fijó sus honorarios y apareció a los diez días en la casa editorial con la labor cumplida, vale decir, con la copia fiel, letra por letra, del original en francés de Beckford. El editor quedó atónito. Ya le habían dicho que este traductor era muy eficiente, pero tal celeridad le resultaba inconcebible.

Transcurrieron dos meses y el especialista en letras góticas recibió un llamado del editor. “La traducción está bastante bien, pero me he permitido introducir algunos cambios para nada relevantes”. Decidido estaba el traductor a confesarlo todo, a aclarar el malentendido, cuando escuchó que el otro le recomendaba: “No se apresure tanto la próxima vez. Es innecesario y se nota”.

Eduardo Berti nació en Buenos Aires en 1964; su padre, rumano, emigró a la República Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. El siguiente enlace los remite al blog que utiliza en la actualidad y que se denomina Bértigo.

Este relato nos permitiría hablar de múltiples cuestiones; entre ellas, el caso mismo de la traducción. Para quienes de una u otra forma nos enfrentamos a historias escritas en otro idioma, este tema es algo que puede generar cuestiones graciosas y hasta algún malentendido y/o enfado. Basta con recordar lo que a veces notamos acerca de cómo han traducido el título de una película o de una canción para tener una pequeña muestra de lo que estamos planteando. Acá la “falsa traducción” resulta en sí misma el despropósito; en otros casos (lo amplío en próximas entradas) la “mala traducción” o la “mal entendida” produce diferentes efectos y nos enfrenta a distintos debates.

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