SUCUMBIR A LA TENTACIÓN

Desde que empecé a trabajar con los blogs (este fue el primero) me propuse que no aparecería en ellos nada de mi creación ficcional. Análisis, comentarios, sí; lo que se vinculara con lo creativo siempre provendría de las actividades de mis alumnos; en otro orden de cosas, retomar ideas de otros en sitios, páginas y blogs para nutrir los diversos aspectos de la literatura y de la cultura que me interesara abordar por diferentes necesidades: investigación personal, interés de lectora, aportes para la enseñanza…

Lo cierto es que no he impulsado la posibilidad de que mis textos poéticos y narrativos fueran publicados y creo que a esta altura quedarán como cuadernos personales y, con o sin valor literario, nunca verán la luz de otro modo.

Por esta razón he sucumbido y, por primera vez (exceptuando un video que se realizó con fines educativos), voy a compartir en este espacio una poesía de mi autoría (no sé si volveré a repetir la experiencia). Cabe decir que el texto es conocido por varias personas (algunas de ellas siguen el blog) porque surgido por una situación especial fue compartido con varios que atravesaron momentos similares o se dedicó a otros que nos abandonaron dejándonos ante el vacío que produce la ausencia:

Hacia el origen

De un capullo de seda

Frágil como la vida misma,

Tenue como el día,

Simple como las gotas de lluvia

En las plantas de un jardín.

De allí salimos;

Al sol, a la lluvia, a la noche…

Reptamos por caminos desconocidos,

Nos cruzamos con otros seres

Y nos unimos en burbujas resplandecientes

Mientras el tiempo gira a nuestro alrededor.

Un día nos elevamos, ascendemos

Hacia el sol, las nubes, las estrellas.

Hay un nosotros que nos reúne, nos congrega

Y la esperanza de un futuro que nos continúa.

Volamos, cuerpo y alma de mariposa omnipotente,

Sabiendo que nuestro tiempo pasa,

Construyendo castillos en el aire

Que el sol refleja en los oasis de la tierra.

Unas veces descendemos hacia las flores

Para dejar nuestras semillas,

Para afianzar lo que ha de quedar de nosotros.

Otro día, uno pactado de antemano

Pero siempre imprevisto,

Nos quedamos en la tierra,

Nos hundimos en ella,

Nos cobijamos en ella.

Quizás estamos solos

Pero llegamos al origen,

Al final de un camino

Que nos señala el final de nuestro tiempo,

El comienzo de otra historia

En la que somos fruto y semilla,

En la que nuestra simiente,

Origen y meta,

Queda para soñar nuevos caminos.

 

 

TEMA SOLUCIONADO

Les envío en esta entrada el enlace al FORMULARIO DE CONTACTO que he revisado y chequeado. Vuelvo a pedir disculpas por no haber notado que había problemas de configuración y permisos. Completar el formulario no los compromete en nada; se trata de un relevamiento de intereses y de posibilidades de trabajo a la distancia. Recuerden que si me siguen por distintos blogs, este taller lo realizaré a través de Encuentros de lectura y escritura.

Por último: como en casa se están encarando reformas y tengo que chequear la conexión a Internet además de revisar las respuestas que envíen, avisaré en Encuentros de lectura y escritura cuándo se da comienzo al taller (había previsto mediados de julio pero si es necesario esperaré a principios de agosto). Para poder participar, si se deciden, lo primero que deben hacer es seguir ese nuevo blog que estoy diseñando.

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeYWMuuamtY7BhUMTe3kihEvXaN6A1OKQwKQdfx2Lq36ZuN2w/viewform?usp=sf_link

ATENCIÓN

https://conotrasmiradas.wordpress.com/2022/06/25/atencion-por-un-imperdonable-error-el-formulario-de-google-que-publique-no-tiene-bien-los-permisos-ya-los-modifique-pero-aviso-cuando-lo-haya-chequeado/

PARA TODOS LOS QUE QUIERAN COMPARTIR ACTIVIDADES DE TALLER

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeYWMuuamtY7BhUMTe3kihEvXaN6A1OKQwKQdfx2Lq36ZuN2w/viewform?usp=sf_link

IMPORTANTE: Si seguís alguno de mis otros blogs, sólo contestá la encuesta desde uno de ellos (no importa cuál). Cuanto antes tenga las respuestas, mejor vamos a poder concertar ideas y actividades.

LOS ESPERO PARA TRABAJAR JUNTOS

https://encuentrosdelecturayescritura.wordpress.com/

Encuentros de lectura y escritura: este es el sitio nuevo que abrí. Invito a todos mis seguidores para que lo visiten y vean de contestar la encuesta cuando aparezca publicada así podemos organizar actividades y encuentros que compartiremos en varios espacios.

INVITACIÓN

Esta misma entrada aparecerá en los otros dos blogs. Si ven el nuevo diseño, encontrarán en la cabecera en enlace para acceder a los otros; algunos conocen todos; algunos, uno de los tres (Lapizázulix, Otras miradas, Transitando lenguajes).

En cuanto a Lapizázulix, pese al rediseño de algunos espacios estuve encontrando algún posteo en el que las columnas organizadas para los cuentos aparecían corridas o desconfiguradas. He estado solucionando algo de ello pero no me confío: si en algún momento se encuentran con alguna entrada con dificultades de lectura por la distribución del texto, no duden en avisarme. De todos modos, he visto que si la entrada corresponde, por ejemplo, al 5 de abril de 2022, si cliquean sobre ella o si ingresan desde los archivos de abril (en la barra lateral) el texto se ve en condiciones. Avisaré si logro evitar dificultades próximas y si hay alguna nueva mejora que haya logrado.

Además de avisarles que por ahora me he detenido con las reformas del sitio y volveré a publicar artículos, me adelanto a comentarles que es mi intención armar por Zoom taller de lectura y/o escritura. Me gustaría saber quiénes están interesados (de acuerdo con las características del sitio que conocen y por lo que puedan observar en los otros dos); en los próximos días publicaré las propuestas y también el modo en que se difundiría lo que debatamos y lo que se escriba (publicaciones digitales en el blog, videos de Youtube en mi canal, por ejemplo). Aunque luego aparezca el formulario para organizar los grupos según horarios e intereses, pueden ir indicándome si están interesandos por el correo electrónico o en un comentario a esta entrada.

PRÓXIMAMENTE CON NUEVA APARIENCIA

En los siguientes días estaré ocupada en renovar el tema y diseño de este blog ya que algunos elementos han quedado fuera de sitio debido a que el tema que estaba usando ha quedado antiguo. Avisaré cuando todo esté en condiciones.

El cuento latinoamericano: Argentina (23)

Sueños, entresueños, (des)engaños

“Dibujo”
Con claridad soñó que el que lo creaba, moría. Al día siguiente no pudo despertar ninguno de los dos.

MOPTY DE KIORCHEFF, ANA MARÍA (Argentina, 1948)

El otro lado de la cama

Luego de más de quince años de matrimonio, una noche ensayaron una novedad: intercambiar los lados de la cama donde dormían. Así, no sólo durmieron en geografías diferentes, en donde las luces, los ruidos y las texturas cambiaban, sino que también llegaron a soñar los sueños del otro. Fue toda una noche en la que se enteraron de las imágenes, deseos y secretos que ocurrían al otro lado de la cama. Al otro día, de común acuerdo, comenzaron los trámites de divorcio.

DIEGO GOLOMBEK (Argentina, 1964)

La cita de su vida.

El lunes sueña con la cita. El martes se entusiasma pensando que se acerca. El miércoles comienza el nerviosismo. El jueves es todo preparativos, revisa su vestuario, va a la peluquería. El viernes lo soporta como puede, sin salir de su casa. El sábado, por fin, se echa a la calle con el corazón rebosante. Durante toda la mañana del domingo llora sin consuelo. Cuando nota que vuelve a soñar, ya es lunes y hay trabajo.

ANDRÉS NEUMAN (Argentina, 1977)

“69”
Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

ANA MARÍA SHUA (Argentina, 1951)

Jadeando, llego a los límites de un sueño. Puedo cruzarlos de un salto y estaré a salvo. Sin embargo, tomo mi lanza y me preparo. Si huyo, vencida, hacia el despertar, mi derrota no tendrá fin. ¿Acaso volveré a soñar alguna vez el mismo enemigo?

ANA MARÍA SHUA (Argentina, 1951)

“Obsesiones”
Soñé que me besaban: era sólo el latido de tu nombre que esa noche se durmió entre mis labios.

ALBA OMIL (Argentina, +2020)

El censor
Sueño que recibo filmes de todo el mundo, también guiones y latas, discos compactos casetes y devedés de primeras producciones. Me corresponde mirar y juzgar todo. Sentado ante una moviola, clasifico, recorto, edito y archivo. No dejo pasar nada, soy implacable y mi labor me apasiona. Gozo del poder de decidir lo que sí y lo que no. No me importa lo que se vea, después, ni lo que piensen. El poder no necesita ni siquiera cuestionadores. El goce es íntimo y total. Ni ideológico ni estético. Tampoco siento culpa ni remordimientos; tijera en mano soy un perfecto cretino. Mi única emoción está en el goce del poder absoluto. Despierto con la boca reseca. Me he quedado dormido con la tele encendida. Entiendo todo.

MEMPO GIARDINELLI (Argentina, 1947)

Puerta.

Abrí la puerta de calle y me enfrentaron tres desconocidos de aspecto facineroso. Uno dio un paso adelante y mis ingentes esfuerzos por cerrarle la puerta en las narices estaban resultando inútiles cuando desperté.

Acá terminaría el cuento si de cancelar el miedo se tratara, pero siendo sueño y vigilia dos estados incompatibles, vaya una a saber cómo continúa aquello que creímos interrumpir abriendo los ojos. Y ahora me pregunto quién ha logrado colarse en esta casa mía que es mi mente.

Hoy me siento otra.

LUISA VALENZUELA (Argentina, 1938)

En la cola, el público se enoja. Unos claman contra el gobierno y otros contra el desgobierno. En su ventanilla, el funcionario, impasible. Pero ese hombre está dormido, se agita delante de mí un señor calvo. No señor, los que estamos dormidos somos nosotros, le explica una señora en voy muy bajita (el que se despierta pierde el turno). Muchas horas después doy mi nombre en la ventanilla sólo para descubrir que me he equivocado de sueño.

ANA MARÍA SHUA (Argentina, 1951)

El sueño
Esa noche Wei Pai durmió y tuvo un sueño: un hombre escribía sobre un papel un cuento. Había elegido una historia que lo envolvía en cierta clase de tranquilidad.
Wei Pai supo que el hombre del sueño había tenido que caminar por las grutas luminosas: esas grutas enceguecen los ojos y el entendimiento. Sólo se logra salir de ellas, si el alma logra ver.
El hombre, perdido y ciego por las grutas, había sufrido distintas mutaciones: en la gruta de los destellos amarillos, su alma había logrado ser un olmo; en la gruta de los destellos verdes, un galgo; en la gruta de los destellos azules, una cierva y, finalmente, en la gruta de los destellos transparentes como la luz de la creación primera, una flor de cerezo desprendida por el suave viento.
Wei Pai despertó y recordó su sueño en el que un hombre escribía tranquilo entre los fulgores de las grutas luminosas, luego, creyó sentir en su alma los sucesivos resplandores de aquellas grutas soñadas.

GRACIELA REDOANO (Argentina, 1956)

«La ciudad soñada»
Usted llega, por fin, a la ciudad soñada, pero la ciudad ya no está allí. En su lugar se eleva una cadena montañosa de indudables atractivos turísticos. Pero usted no trajo su equipo de andinista, no tiene grampas, ni cables, ni vituallas, usted trajo una guía de restaurantes y un buen traje, y entradas para el teatro. La ciudad, por el momento, está del otro lado, y el guía le ofrece atravesar la cordillera a lomo de mula. Y mientras avanza lentamente sintiendo que su columna vertebral, que sus riñones ya no están para esos trotes, usted percibe en la reverberación del aire que la ciudad está volviendo a formarse a sus espaldas, temblorosos y transparentes todavía los rascacielos, como medusas del aire.

Ana María Shua

ANA MARÍA SHUA (Argentina, 1951)

Hay varios cuentos de esta selección que han aparecido ya en este artículo, este otro y alguno más. Si bien van a aparecer relacionados con los restantes que están en este posteo, reforzaré más lo que se refiere a los que no han aparecido todavía: «El censor» (Mempo Giardinelli), «El otro lado de la cama» (Diego Golombek), «Puerta» (Luisa Valenzuela) y «La cita de su vida» (Andrés Neuman).

Nota: He observado, al recorrer los artículos, que algunos tienen las columnas de cuentos desconfiguradas; me ocuparé de revisar y actualizar. Cuando estén nuevamente en condiciones, avisaré; pido disculpas por no haber reparado en ello antes: no se veían así al publicarlos.

1-SÓLO UN SUEÑO: La relación entre «Obsesiones» (Alba Omil) y «El censor» (Mempo Giardinelli) está planteada precisamente por la entidad etérea de lo onírico, tanto que ya sea el amor como el poder terminan al fin desvanecidos cuando el soñador toma conciencia de su estado.

Soñé que me besaban: era sólo el latido de tu nombre que esa noche se durmió entre mis labios.

«Obsesiones»- Alba Omil

Gozo del poder de decidir lo que sí y lo que no. No me importa lo que se vea, después, ni lo que piensen (…)Tampoco siento culpa ni remordimientos; tijera en mano soy un perfecto cretino. Mi única emoción está en el goce del poder absoluto. Despierto con la boca reseca. Me he quedado dormido con la tele encendida. Entiendo todo.

«El censor» – Mempo Giardinelli

2-Soñar o no soñar//Ser soñado. En este grupo confluyen aquellos relatos en los que aparece el soñador/soñado y la situación de quienes dependen de que otro los sueñe para existir. También los hechos equívocos que se producen durante un sueño, que tal vez hasta sea uno equivocado, y hasta el duelo que se establece durante uno en el que huir es quedar para siempre derrotado. «Dibujo» (Ana María Mopty de Kiorcheff), «69» (Ana María Shua), «Jadeando llego…» (Shua) y «En la cola el público…» (Shua).

Con claridad soñó que el que lo creaba, moría. Al día siguiente no pudo despertar ninguno de los dos.

«Dibujo»- Ana María Mopty de Kiorcheff

(…) Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

«69»- Ana María Shua

En la cola, el público se enoja (…) Pero ese hombre está dormido, se agita delante de mí un señor calvo. No señor, los que estamos dormidos somos nosotros, le explica una señora en voy muy bajita (el que se despierta pierde el turno). Muchas horas después doy mi nombre en la ventanilla sólo para descubrir que me he equivocado de sueño.

Sin título-Ana María Shua

Jadeando, llego a los límites de un sueño. Puedo cruzarlos de un salto y estaré a salvo. Sin embargo, tomo mi lanza y me preparo. Si huyo, vencida, hacia el despertar, mi derrota no tendrá fin. ¿Acaso volveré a soñar alguna vez el mismo enemigo?

Sin título- Ana María Shua

3-Efectos ¿colaterales? del sueño. Más allá de la situación cotidiana de incertidumbre, duda, ilusión… que nos puede acometer luego de haber soñado algo, en este grupo de cuentos aparecen algunos, quizás hasta insólitos, en los que quien ha experimentado lo onírico se ha transformado de alguna manera u otra. Incorporé aquí: «El sueño» (Graciela Redoano), «El otro lado de la cama» (Diego Golombek) y «Puerta» (Luisa Valenzuela).

(…) Wei Pai despertó y recordó su sueño en el que un hombre escribía tranquilo entre los fulgores de las grutas luminosas, luego, creyó sentir en su alma los sucesivos resplandores de aquellas grutas soñadas.

«El sueño»-Graciela Redoano- Haciendo suyo parte del pensamiento oriental, en este cuento la posibilidad de soñar es también la de aprender o apresar algo de conocimiento profundo (una especie de iniciación)

Luego de más de quince años de matrimonio, una noche ensayaron una novedad: intercambiar los lados de la cama donde dormían. Así, no sólo durmieron en geografías diferentes, en donde las luces, los ruidos y las texturas cambiaban, sino que también llegaron a soñar los sueños del otro. Fue toda una noche en la que se enteraron de las imágenes, deseos y secretos que ocurrían al otro lado de la cama. Al otro día, de común acuerdo, comenzaron los trámites de divorcio.

«El otro lado de la cama»- Diego Golombek- No es necesario que yo intervenga aquí, pero nótese cómo un hecho tan simple como cambiar el lado donde cada uno duerme implica que lo que se sueñe no se traslada con uno sino que queda en un espacio ajeno y que sin embargo se puede conocer.

(…) vaya una a saber cómo continúa aquello que creímos interrumpir abriendo los ojos. Y ahora me pregunto quién ha logrado colarse en esta casa mía que es mi mente.

Hoy me siento otra.

«Puerta»- Luisa Valenzuela- Se agrega en este caso (a la incertidumbre que deja el despertar) una afirmación que da cuenta de lo que experimenta el narrador personaje: se siente «otra»

4-Círculo (la serpiente que se muerde la cola). Los dos últimos relatos que aparecen se relacionan por esta idea de que al final se vuelve a la situación inicial. Es cierto que la diferencia, más allá de que uno habla de un espacio buscado y anhelado y el otro de un amor, reside en que en el texto de Andrés Neuman se plantea más explícitamente la idea de un círculo vicioso: algo que ha sucedido y volverá a ocurrir una y otra vez. Los cuentos son, entonces, «La ciudad soñada» (Ana María Shua) y «La cita» (Andrés Neuman).

(…)usted percibe en la reverberación del aire que la ciudad está volviendo a formarse a sus espaldas, temblorosos y transparentes todavía los rascacielos, como medusas del aire.

«La ciudad soñada» -Ana María Shua

El lunes sueña con la cita. El martes se entusiasma pensando que se acerca. El miércoles comienza el nerviosismo. El jueves es todo preparativos, revisa su vestuario, va a la peluquería. El viernes lo soporta como puede, sin salir de su casa. El sábado, por fin, se echa a la calle con el corazón rebosante. Durante toda la mañana del domingo llora sin consuelo. Cuando nota que vuelve a soñar, ya es lunes y hay trabajo.

«La cita»-Andrés Neuman

¿Realidad o ficción? ¿Realidades?

El muro desmoronado

Había una vez un hombre rico en el Reino de Sung. Después de un aguacero el muro de su casa empezó a desmoronarse.

-Si no reparas ese muro -le dijo su hijo- por ahí puede entrar un ladrón.

Un viejo vecino le hizo la misma advertencia.

Aquella misma noche le robaron una gran suma de dinero al hombre rico, quien elogió la inteligencia de su hijo, pero desconfió de su viejo vecino.

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ANÓNIMO CHINO

La sospecha

Un hombre perdió su hacha y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho: exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven: como la de un ladrón. Observó también su forma de hablar: igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable del hurto.

Pero más tarde encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho parecían muy diferentes de los de un ladrón.

ANÓNIMO CHINO

Natación

He aprendido a nadar en seco. Resulta más ventajoso que hacerlo en el agua. No hay el temor a hundirse pues uno ya está en el fondo, y por la misma razón se está ahogado de antemano. También se evita que tengan que pescarnos a la luz de un farol o en la claridad deslumbrante de un hermoso día. Por último, la ausencia de agua evitará que nos hinchemos.

No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. A primera vista se pensaría en los estertores de la muerte. Sin embargo, eso tiene de distinto con ella: que al par que se agoniza uno está bien vivo, bien alerta, escuchando la música que entra por la ventana y mirando el gusano que se arrastra por el suelo.

Al principio mis amigos censuraron esta decisión. Se hurtaban a mis miradas y sollozaban en los rincones. Felizmente, ya pasó la crisis. Ahora saben que me siento cómodo nadando en seco. De vez en cuando hundo mis manos en las losas de mármol y les entrego un pececillo que atrapo en las profundidades submarinas.

PIÑEIRA, VIRGILIO-(Cuba 1912-1979)

Ciencia ficción

Y si llegara un hombre verde

y si llegara un hombre verde

y si llegara un hombre verde o azul

en una nave.

Y si llegara.

Qué diría de mí tan despeinada,

sin adornos ni gracia.

qué diría de todos por mi culpa.

TORRES, ALBA (Cuba 1947) En la web figura como nicaragüense nacida en 1958; se rectificará cuando se tenga la información.

Sabiduría

—Tú eres un gran místico —le dijo a Nasrudín uno de sus pupilos—, y sin duda sabrás por qué los hombres siguen sendas diferentes a lo largo de sus vidas, en vez seguir todos una única senda.

—Sencillo —contestó su maestro—: si todo el mundo siguiera la misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el equilibrio, se inclinaría y todos nos caeríamos al océano.

ANÓNIMO ÁRABE

Pesadilla

Una noche soñaba que había muerto.

Cuando desperté, pude comprobar que el sueño era realidad.

-En tal caso no tiene objeto que continúe despierto –me dije y volví a dormirme.

Desde entonces sólo sueño que estoy vivo.

En Narrativa Breve

ARAYA, ROBERTO (Chile 1941)

El señor de la peña

1

El palacio, deshabitado hace veinte años, se alzaba en peñón a la salida del pueblo, donde los vientos lo rodeaban persiguiéndose en sus juegos salvajes y donde el mar rompe los puños infinitos en su larga querella que no termina nunca.

Los reparadores lo repararon un mes antes y enseguida llegaron veinte camiones cargados de muebles para las veinte habitaciones de la casa, el camino a muchas de las cuales se ha perdido.

El portero, la cocinera, el jardinero y la camarera, contratados previamente por el nuevo dueño, los vieron llegar apoyados en el muro del portal. Deben ser un regimiento –suspiró la cocinera. Y los otros asintieron con los cabezas, melancólicos.

Pero al final de la procesión no venía sino un solo automóvil y, dentro, sólo el nuevo Señor de la Peña. Menos mal –suspiró el jardinero. Y la camarera propuso, fervorosa: Así sea.

2

Es un muchacho, un verdadero niño –dijo la camarera arreglándose el pelo y procurando verse, de costado, en el vidrio de la despensa. Bueno –dijo el jardinero, dejando la boina sudada sobre la mesa de la cocina y secándose el sudor con un enorme pañuelo rojo y gualda. Un niño con cara de viejo. ¿A quién se le ocurre…? Y procedió a contar cómo el Señor de la Peña se había empeñado en que él escondiese los tiestos de las rosas entre las hojas de la palma. Además –agregó, mirando significativamente a la camarera–, apenas puede tenerse en pie. Claro –repuso ella, furiosa– con el dolor que le ha dado en la espalda al pobrecito.

3

Es un bendito de Dios –afirmó el portero, que era también valet del Señor de la Peña–, ahí metido entre sus libros, con esas ropas que parecen de cura, y siempre “me hace usted el favor», «tiene usted la bondad», «tantísimas gracias”. Si hasta me pidió perdón cuando le derramé el café encima. La cocinera se puso en jarras: ¡Ropas de cura! Todo sucio y con las botas… Un tártaro, eso es lo que yo digo. Y el modo de pedirme el ron, las palabrotas, total por nada. ¡Eh! ¡Ni mi difunto marido! Vaya, vaya –dijo el portero, contando distraídamente unas monedas–, un momento malo lo tiene cualquiera.

4

Un viejo –dijo el jardinero descargando el puño sobre la mesa–, digo que es un viejo y que es una desgracia que le estés detrás. ¡Óiganlo! –chilló la camarera–. ¡Un viejo! ¡Viendo visiones! Si lo dice por el modo de pensar, está bien, que por otra cosa… Bueno –intervino el portero, conciliador–, un poco calvo y ya duro, pero no tanto como viejo. Como es rubio… ¡Calvo y rubio! ¡Negro, un indio! – cortó la cocinera, poniendo al cielo por testigo. Y ya iban a recurrir a las últimas y definitivas razones cuando el portero, que ha leído un poquito y es, en suma, un intelectual, detuvo el brazo armado de la cocinera y reclamó atención y calma. Esto es muy extraño –dijo–. Parece que hablamos de cuatro personas distintas. Y pensándolo un momento, los cuatro juntos no lo vimos más que una vez, a su llegada, tan envuelto en pieles que lo mismo podía ser oso. ¿Habrá tres impostores en la casa? Propongo que vayamos los cuatro a verlo, ahora mismo. Está en su estudio, lo acabo de dejar allí.

Pero la cocinera propuso que fuesen primero por su cuñado, el policía del pueblo, y que, mejor, se asomen los cinco por la ventana del estudio.

5

El Señor de la Peña estaba sentado a su mesa, pero no escribía. Reclinaba la cabeza en el alto respaldar de la silla, inmóvil en la luz plomiza de la claraboya. Si ése es el Señor, es un muchacho –dijo el asombrado jardinero. La camarera se cubrió la cara con las manos: Tenías razón, es un viejo horrendo –dijo. El portero dio un paso atrás, persignándose: Es un puro demonio. La cocinera, cruzadas las manos sobre el delantal, miraba al Señor de la Peña beatíficamente. Entonces el policía, que daba muestras de impaciencia, le tiró malhumorado de la manga: ¿Qué estás tú mirando? Ahí no hay nada más que una silla vacía.

DIEGO, ELISEO. (Cuba, 1920-1994)

El vendedor de perlas

Un hombre natural del reino de Chu decidió vender unas perlas en el reino de Cheng. Hizo un joyero de madera finísima, perfumado con especias, con incrustaciones de jade y otras piedras preciosas y forrado en plumas de martín pescador.

Resultó que un hombre de Cheng compró el estuche pero devolvió las perlas al vendedor.

Este individuo puede ser considerado como un hábil vendedor de joyeros; pero, en ningún caso, se lo puede reconocer como vendedor de perlas.

No es retrato

JAN FEI DSI (China)

Boxeador

Sonó el gong y Kid salió al centro del ring con los brazos extendidos para saludar al adversario. Tenía que ganar, y si por knock out mejor. Lanzó frenético su demoledor jab de izquierda, eludió un cross del contrario. Entró en un rudo cuerpo a cuerpo. Se sentía muy fuerte, capaz de poder combatir no diez sino hasta veinte asaltos. Lanzó un poderoso gancho de derecha. Volvió a golpear con ambas manos el rostro del rival. Lo vio sangrar copiosamente. Caer a la lona. El árbitro inició la cuenta. El saltaba de felicidad. Levantaba los brazos. Aullaba de contento. Lo sujetaron dos enfermeros. Se lo llevaron a rastras.

MENESES CÁRDENAS, CARLOS (Perú, 1929-2020)

Microcosmos VI
Cuando escuchamos el mensaje por la radio no pudimos creerlo. Decía que María Teresa Porras había muerto. Decía que confortada con los Santos Sacramentos y que sus funerales se oficiarían al día siguiente.
Nosotros nos organizamos tan rápido como nos fue posible: decidimos que Alberto iría a la provincia para consolar a Miguel, que con ésta era la segunda vez que enviudaba, y decidimos que a mí me correspondería decirle lo que había sucedido a la madre de Teresa.
Fui esa misma tarde a la casita vieja y, como pude, le hice saber que su hija había muerto. A la anciana le tembló la quijada, se le desencajó el rostro y cayó de bruces. La llevé al hospital en un taxi que sonaba su bocina para que los autos nos abrieran paso, mientras la anciana, sobre mis regazos, gemía y retorcía su cuerpo.
Cuando los médicos la estaban atendiendo decidí llamar a la casa para enterarme de las novedades, y entonces fue cuando me dijeron que no, que era broma, que hoy era el cumpleaños de Teresa y que habían decidido jugarnos esa broma porque lo habíamos olvidado. Y voy a protestar, estoy cansado de que me elijan siempre para estas cosas. No seré yo quien le diga a Teresa que su madre acaba de morir. No seré yo. No y no.

SOTO, RODRIGO. (Costa Rica, 1962)

Un obispo en el atolladero

Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de las blasfemias. Creen que ciertas letras del alfabeto, ordenadas de una forma o de otra, pueden, en uno de esos sentidos, lo mismo agradar infinitamente al Eterno como, dispuestas en otro, ultrajarle de la forma más horrible. Y sin lugar a dudas ese es uno de los más arraigados prejuicios que ofuscan a la gente devota. A la categoría de las personas escrupulosas en lo que respecta a las «b» y a las «f» pertenecía un anciano obispo de Mirepoix que, a comienzos de este siglo, pasaba por ser un santo. Cuando un día iba a ver al obispo de Pamiers, su carroza se atascó en los horribles caminos que separan esas dos ciudades: por más que lo intentaron los caballos no podían hacer más.

– Monseñor -exclamó al fin el cochero, a punto de estallar-, mientras permanezcas ahí mis caballos no podrán dar un paso.

– ¿Y por qué no? -contestó el obispo.

– Porque es absolutamente necesario que yo suelte una blasfemia y Vuestra Ilustrísima se opone a ello; así, pues, haremos noche aquí si no me lo permite.

– Bueno, bueno -contestó el obispo, zalamero, santiguándose-, blasfema, pues, hijo mío, pero lo menos posible.

El cochero blasfema, los caballos arrancan, monseñor sube de nuevo… y llegan sin novedad.

SADE, DONATIEN ALPHONSE FRANCOIS DE. Francia (1740-1814)

En este caso el conjunto de textos no hace referencia a FICCIÓN por oposición con REALIDAD como cada vez que hablamos acerca de hechos vinculados con el arte ficcional. En varios casos, la contraposición se plantea entre APARIENCIA y REALIDAD, formas diferentes de VER la «realidad», momentos o situaciones en los que la realidad puede cambiar su modo de ser vista…

Entiendo que será mejor ir andando camino para que se perciban las relaciones entre los diferentes relatos, además de considerar (como en otras ocasiones he hecho) que luego pueden surgir otras vinculaciones (con otros cuentos o entre los que aquí están). Como siempre, los invito a comentar si consideran la posibilidad de que revisemos otras opciones o aportes.

1- Las apariencias engañan. Conocemos el refrán y la trampa que involucra el tomarlo a rajatablas. Sin embargo, esta frase podría representar lo que encontramos en «El muro desmoronado», «La sospecha» y «El vendedor de perlas» (todos anónimos de origen chino).

  • En los dos primeros lo que se cree ver en otro domina de tal forma la percepción de quién es esa persona que se despierta la DESCONFIANZA. La única diferencia es el hecho de que en el segundo relato esa mala impresión llega a modificarse, no así en el primero.

Aquella misma noche le robaron una gran suma de dinero al hombre rico, quien elogió la inteligencia de su hijo, pero desconfió de su viejo vecino.

«El muro desmoronado»

Pero más tarde encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho parecían muy diferentes de los de un ladrón.

«La sospecha»
  • En el caso de «El vendedor de perlas» la desconfianza está puesta en la voz de narrador, quien sentencia que sin duda el personaje no parece ser bueno para su ocupación de acuerdo con las evidencias

Este individuo puede ser considerado como un hábil vendedor de joyeros; pero, en ningún caso, se lo puede reconocer como vendedor de perlas.

«El vendedor de perlas»

2-Apariencia/sueño/realidad. Podríamos agregar «mentira» si consideramos algo de lo que sucede en «Microcosmos VI» (cuento de Rodrigo Soto, del que ya hablamos en otro artículo). Lo cierto es que en estos relatos a la realidad se le impone algo que proviene del sueño, de una broma, de algo que se deja entrever como relacionado con la locura o el ubicarse fuera de los márgenes.

Una noche soñaba que había muerto.

Cuando desperté, pude comprobar que el sueño era realidad.

-En tal caso no tiene objeto que continúe despierto –me dije y volví a dormirme.

Desde entonces sólo sueño que estoy vivo.

«Pesadilla» – Roberto Araya- pareciera que el personaje instaura su propio mundo que se superpone a la realidad y la revierte (al menos para él)

(…) que no, que era broma, que hoy era el cumpleaños de Teresa y que habían decidido jugarnos esa broma porque lo habíamos olvidado. Y voy a protestar, estoy cansado de que me elijan siempre para estas cosas. No seré yo quien le diga a Teresa que su madre acaba de morir. No seré yo. No y no.

«Microcosmos VI» -Rodrigo Soto- la broma, de la que el personaje formó parte sin saberlo, ha modificado la realidad y lo que parecía suceder; el narrador personaje sólo puede negarse a asumir las consecuencias

Lo vio sangrar copiosamente. Caer a la lona. El árbitro inició la cuenta. El saltaba de felicidad. Levantaba los brazos. Aullaba de contento. Lo sujetaron dos enfermeros. Se lo llevaron a rastras.

«Boxeador» -Carlos Meneses Cárdenas- donde la disyuntiva que se le plantea al lector es si el personaje excedió sus propios límites o si en cambio actuó como un púgil sin serlo y por ello el final de la historia.

3-Según como se mire. A mi parecer hay en este grupo una dependencia de lo que se vea o quiera ver para que los límites de la realidad (y de lo aceptable en algunos casos) puedan desplazarse de acuerdo con el universo narrado. Así, alguien menciona qué podrían pensar posibles seres de otro planeta, otro acepta provisoriamente algo que no toleraría en otra oportunidad, uno descubre que la sabiduría reside en observar lo que otros no (utilizar un criterio). Estos detalles modelan y transforman la realidad o lo que se ve de ella. Incluí en este caso: «Ciencia ficción» (Alba Torres), «Sabiduría» (anónimo árabe) y «Un obispo en el atolladero» (del Marqués de Sade).

Y si llegara.

Qué diría de mí tan despeinada,

sin adornos ni gracia.

qué diría de todos por mi culpa.

«Ciencia ficción»- Alba Torres

Sencillo —contestó su maestro—: si todo el mundo siguiera la misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el equilibrio, se inclinaría y todos nos caeríamos al océano.

«Sabiduría»- anónimo árabe (ante la pregunta de otro personaje acerca de por qué los seres humanos siguen caminos diferentes)

-Bueno, bueno -contestó el obispo, zalamero, santiguándose-, blasfema, pues, hijo mío, pero lo menos posible.

El cochero blasfema, los caballos arrancan, monseñor sube de nuevo… y llegan sin novedad.

«Un obispo en el atolladero»-Marqués de Sade- (cuando la necesidad modifica las prioridades)

4-Diferentes formas de ver. Vinculados con el caso anterior, sin embargo estos dos cuentos exhiben más de qué modo se puede modificar lo que se percibe como real y hasta qué punto a veces esto puede lindar con lo que existe o no existe. «Natación» (Virgilio Piñeira) y «El señor de la Peña» (Eliseo Diego) son los relatos considerados.

No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. A primera vista se pensaría en los estertores de la muerte. Sin embargo, eso tiene de distinto con ella: que al par que se agoniza uno está bien vivo (…)

«Natación» -Virgilio Piñeira- el límite entre la vida y la muerte aparece difuso y el narrador admite que a sus amigos les cuesta aceptar el mundo en que se considera inmerso; por otra parte, aunque señale diferencias con la muerte desde un comienzo señala que uno ya «está ahogado»

(…) Es un puro demonio. La cocinera, cruzadas las manos sobre el delantal, miraba al Señor de la Peña beatíficamente. Entonces el policía, que daba muestras de impaciencia, le tiró malhumorado de la manga: ¿Qué estás tú mirando? Ahí no hay nada más que una silla vacía.

«El señor de la Peña» -Eliseo Diego- durante todo el relato las versiones acerca del señor se contraponen y, cuando todos confluyen en un lugar para observarlo juntos, se invierten los pensamientos de todos; el único que señala algo diferente a todo lo anterior es el personaje que se suma (un policía) y que sentencia que allí no hay nadie

El cuento latinoamericano: Argentina (22)

Infinito, espirales, laberintos…

Espiral
Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo oscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si esa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de Luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca: como en un espejo, uno de los dos era falaz. «¿Quién sueña con quién?», exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.

ENRIQUE ANDERSON IMBERT (Argentina, 1910-2000)

Efectos de la falta de sueño

“Daría mis riquezas a cambio de poder dormir bien todas las noches”, dijo el opulento comerciante Huan, que padecía de insomnio. “Y yo –contestó el mendigo Sung– preferiría ser rico a tener que soportarlo todas las noches”.

RODOLFO MODERN (Argentina, 1922-2016)

Un sueño
En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe, en caracteres que no comprendo, un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

JORGE LUIS BORGES (Argentina, 1899-1986)

Las líneas de la mano
«De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hacia el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola».

JULIO CORTÁZAR (Argentina, 1914-1984)

Diálogo sobre un diálogo
A- Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja… Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.
Z (burlón)- Pero sospecho que al final no se resolvieron
A (ya en plena mística)- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

Jorge Luis Borges

JORGE LUIS BORGES (Argentina, 1899-1986)

Secuencias
Dejó de leer el relato en el punto donde un personaje dejaba de leer el relato en el lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo y llegaba al lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo.

JULIO CORTÁZAR (Argentina, 1914-1984)

En otros artículos va a reaparecer el tema del sueño en vinculación con un corpus diferente. En este, he tomado cuentos en los que de una un otra forma se plantea una situación en espiral, que se repite, que se proyecta al infinito.

Destacan en el conjunto, por la presencia de lo absurdo o ridículo, dos textos: «Diálogo sobre un diálogo» (Jorge Luis Borges) y «Efectos de la falta de sueño» (Rodolfo Modern). En el primer caso, la humorada lleva al hecho de que ni siquiera hay un sueño pero el clima que se instaura es el que se viviría en uno. A punto tal, que quien habla acerca de aquella noche concluye diciendo: «Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.» En la historia de Rodolfo Modern, en cambio, el rico dejaría sus bienes con tal de conciliar el sueño, pero el que lo escucha agrega: “Y yo –contestó el mendigo Sung– preferiría ser rico a tener que soportarlo todas las noches” (¿En sus sueños? ¿Cuando intenta dormirse?…)

«Un sueño» (Jorge Luis Borges) y «Secuencias» (Julio Cortázar) presentan lo laberíntico, el infinito en esas imágenes en las que lector o escritor se topan con circunstancias que el narrador ya ha mencionado y que demuestran que todo se va replicando

En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe, en caracteres que no comprendo, un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…

«Un sueño» (Jorge Luis Borges)

Dejó de leer el relato en el punto donde un personaje dejaba de leer el relato en el lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo y llegaba al lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo.

«Secuencias» (Julio Cortázar)

En el caso de «Espiral» (Enrique Anderson Imbert) y «Las líneas de la mano» (Julio Cortázar) las vueltas de las situaciones de los personajes muestran una construcción laberíntica en la que el final cierra un texto que sin embargo no concluye la historia: en el cuento de Anderson Imbert quien se encuentra con otro sin que ninguno sepa quién sueña a quién repentinamente escucha los pasos que le anuncian que él mismo sube otra vez las escalera; en el relato de Cortázar no se habla del sueño pero sí de algo que parece propio de ese mundo: las líneas de la mano recorren un vasto universo alrededor de quien, con su otra mano, cerrará el puño sobre el arma (algo que parece inevitable, inexorable).

En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.

«Espiral» (Enrique Anderson Imbert)

De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro (…) donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hacia el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola».

Las líneas de la mano» (Julio Cortázar).
Hay que señalar que algo del destino, de lo marcado está presente y no tanto el sueño, pero sí lo laberíntico y espiralado que lleva a que se desarrolle una situación inesperada para el lector

Podría agregar algunas relaciones más pero creo que, una vez leído el artículo, todos son perfectamente capaces de agregarlas: como por ejemplo el hecho de que tanto en «Espiral» como en «Un sueño» y «Secuencias» se muestra explícitamente lo laberíntico e infinito cuando lo que en principio se había duplicado ya ha llegado a multiplicarse.

ENTRESUEÑOS/REALIDADES: ¿LO ONÍRICO O LA REALIDAD?

“La otra muralla china”
Cuando caminaba por el borde y por poner atención a la cuchara de plata que se veía en el horizonte, se resbaló. Su cuerpo sintió la fría porcelana mientras caía, aunque afortunadamente no se golpeó muy duro. Un tanto adolorido aún, se incorporó en el fondo de la taza. Miró hacia arriba y allá, en lo alto, se veía el borde circular y, dentro de su circunferencia, un cielo con una lámpara blanca sobre un fondo de madera. Las paredes de la taza brillaban por la limpieza y el aire era perfectamente respirable. En un rinconcito del fondo, un grano de azúcar había resistido el agua y el jabón. Quería salir de allí lo más pronto posible pero, por lo alto de la pared, era una labor difícil. Y debía hacerlo pronto, pronto. A las tres de la tarde su abuela se acercaría y se serviría su taza de café, tinto y caliente. El tiempo pasaba y él era impotente, allá, en el fondo. El reloj de péndulo sonó: las tres y la puerta del comedor chirrió cuando la abuela la empujó. La señora, con vestido negro, el pelo en un discreto moño y unos lentes con cadenilla, se acercó a la mesita del café y se sentó. Con su voz pausada, aunque fuerte, ordenó a la muchacha del servicio que trajera el café y la repostería. Él, en el fondo, gritaba que no, pero no lo oían. Gritaba que él estaba ahí, pero no lo veían. La abuela continuaba con su rito. La empleada, con un vestido floreado, trajo la bandeja con lo acostumbrado. La puso en la mesa y se marchó. Desesperado, él intentaba escalar las lisas paredes de porcelana china, vanamente. De pronto, sintió sobre su cuerpo como un baño de granizos, que lo lanzó al suelo con fuerza: el azúcar caía sobre él, una y otra vez. Casi sepultado por aquel polvo, logró liberar su cabeza y una de sus manos e intentó gritar nuevamente, pero el café caliente ahogó todo grito.
La abuela tomó su bebida y luego se sentó en el amplio sillón, con tapetes blancos en los espaciosos brazos, en donde continuó con su tejido.

CHAVES, JOSÉ RICARDO-COSTA RICA 1958

¿Quién es el rey?

Recuerdo una de mis ideas más remotas. El Zar es dos cosas a la vez: el jefe, y el padre espiritual de un millar de hombres. Atroz responsabilidad que solo es ilusoria. Quizá no es responsable ante Dios, sino de unos pocos seres humanos que lo rodean. Si durante Su reinado los pobres del imperio son oprimidos, y si de ese reinado ocurren catástrofes inmensas; ¿quien sabe si el limpiabotas no es el verdadero y solo culpable? En los misterios que se esconden en la Profundidad, ¿quién es el verdadero rey, quién es Zar; quién puede ostentar de ser un mero sirviente?

BLOY, LEÓN. (Francia 1846-1917)

Felicidad
Daniel vio un arco iris. Imaginó el cofre de oro alguna vez. Incluso corrió hacia él, pero se hizo hombre demasiado pronto para alcanzarlo.

LOYOLA, MIGUEL DE. Chile

Un hombre apacible

Extendiendo las manos fuera del lecho, Plume se sorprendió al no encontrar la pared. “Vaya, pensó, se la habrán comido las hormigas…”, y se durmió de nuevo. Poco después, su mujer lo agarró y lo sacudió: “Mira, dijo, ¡holgazán!, mientras te dedicabas a dormir nos han robado la casa”. En efecto, un cielo intacto se extendía por todas partes. “¡Bah!, el mal ya está hecho”, pensó. Poco después, comenzó a oírse un ruido. Era un tren que se les echaba encima a toda velocidad. “Parece tener prisa, pensó, llegará antes que nosotros”, y se durmió de nuevo. En seguida, el frío lo despertó. Estaba todo empapado en sangre. Varios pedazos de su mujer yacían a su lado. “Con la sangre, pensó, siempre surgen cantidad de cosas desagradables; si ese tren pudiera no haber pasado, yo sería muy feliz. Pero como ya pasó…”, y se durmió de nuevo.

“Veamos, decía el juez, cómo explica usted que su mujer se haya herido a tal punto que la han encontrado repartida en ocho pedazos, sin que usted, que estaba a su lado, haya podido hacer un gesto para impedírselo, sin haberse siquiera dado cuenta. Ése es el misterio. Todo el asunto está ahí dentro”. “Por ese camino no puedo ayudarlo”, pensó Plume, y se durmió de nuevo. “La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene algo que añadir?” “Excúseme, dijo, no he seguido el asunto”. Y se durmió de nuevo.

MICHAUX, HENRI. (Bélgica 1899-1984)

Infancia precoz

En mi infancia temía hallar algo bajo la cama, por eso no me atrevía a bajar en las noches por pánico a que alguien me tomara de las piernas y me arrastrara a un sitio desconocido, a una dimensión siniestra. Hasta el día de hoy no puedo descender por las noches, mi mujer no entiende cómo el trauma persiste. Por eso baja ella y regresa con un sinfín de aventuras que escucho atentamente.

VALDÉS, MAX (Chile 1963)

En ciertos relatos, la presencia del sueño introduce dudas, incertidumbres acerca de lo que sucede pero también puede ocurrir que introduzca en la vida real hechos que no son habituales o cotidianos y que toman entidad. También puede pasar que esta situación se plantee aun cuando lo onírico no esté de por medio pero el universo representado esté como «teñido» de sus particularidades. En este pequeño grupo de cuentos, veremos qué se puede representar de algunas de ellas.

  • «La otra muralla china» (José Ricardo Chaves) -que ya trabajamos en una entrada anterior- nos presenta el mundo de lo fantástico: este universo se asocia, entre otros elementos, con lo onírico, con las pesadillas de las que queremos despertar para descubrir que todo lo acontecido no ha sido cierto. Sin embargo, no se puede: en este relato el personaje se descubre transformado y metido en un objeto que otro utilizará y lo hará desaparecer

Desesperado, él intentaba escalar las lisas paredes de porcelana china, vanamente. De pronto, sintió sobre su cuerpo como un baño de granizos, que lo lanzó al suelo con fuerza: el azúcar caía sobre él, una y otra vez. Casi sepultado por aquel polvo, logró liberar su cabeza y una de sus manos e intentó gritar nuevamente, pero el café caliente ahogó todo grito.
La abuela tomó su bebida y luego se sentó en el amplio sillón, con tapetes blancos en los espaciosos brazos, en donde continuó con su tejido.

  • En «Un hombre apacible» (Henri Michaux), en cambio, el narrador nos muestra al personaje invadido por el sueño, pero no sólo por ganas de dormir: lo onírico invade la realidad, transforma los hechos de la vida del personaje y hacia el final nos encontramos con alguien que nada parece tener que ver con el título del relato (a menos que sea porque disfruta de la paz del sueño)

En seguida, el frío lo despertó. Estaba todo empapado en sangre. Varios pedazos de su mujer yacían a su lado. “Con la sangre, pensó, siempre surgen cantidad de cosas desagradables; si ese tren pudiera no haber pasado, yo sería muy feliz. Pero como ya pasó…”, y se durmió de nuevo.

“Veamos, decía el juez, cómo explica usted que su mujer se haya herido a tal punto que la han encontrado repartida en ocho pedazos, sin que usted, que estaba a su lado, haya podido hacer un gesto para impedírselo, sin haberse siquiera dado cuenta. Ése es el misterio. Todo el asunto está ahí dentro”. “Por ese camino no puedo ayudarlo”, pensó Plume, y se durmió de nuevo. “La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene algo que añadir?” “Excúseme, dijo, no he seguido el asunto”. Y se durmió de nuevo.

  • Se puede sentir temor por la noche y por el mundo de los sueños. Es lo habitual en los niños por la posibilidad de pesadillas; sin embargo en «Infancia precoz» (Max Valdés) le ocurre a alguien adulto y que reconoce perderse aventuras que luego escucha por boca de su mujer

Hasta el día de hoy no puedo descender por las noches, mi mujer no entiende cómo el trauma persiste. Por eso baja ella y regresa con un sinfín de aventuras que escucho atentamente.

  • «Felicidad» (Miguel de Loyola) hace referencia a los sueños en tanto deseos o búsquedas que nos llevan por diferentes caminos. Sin embargo, en este caso el personaje no podrá cumplir con su objetivo: ha crecido, ha perdido la inocencia y en consecuencia no logrará alcanzar lo que tantas veces entrevió

Daniel vio un arco iris. Imaginó el cofre de oro alguna vez. Incluso corrió hacia él, pero se hizo hombre demasiado pronto para alcanzarlo.

  • En el caso de «¿Quién es el rey» (León Bloy) no se hace referencia directa al sueño pero todo lo que allí se plantea es propio de las dudas o incertidumbres de estar dentro de un sueño o, incluso, de lo que plantean ciertos relatos acerca del soñador soñado, como una forma laberíntica (un caso sería el de Lewis Carroll, «El sueño de un rey»). De este modo, nuestro texto nos sumerge en una reflexión acerca del «verdadero» responsable cuando en verdad no podemos decidir los límites entre lo real y lo que no lo sea

(…) Si durante Su reinado los pobres del imperio son oprimidos, y si de ese reinado ocurren catástrofes inmensas; ¿quien sabe si el limpiabotas no es el verdadero y solo culpable? En los misterios que se esconden en la Profundidad, ¿quién es el verdadero rey, quién es Zar; quién puede ostentar de ser un mero sirviente?

Dejo a continuación el relato de Carroll que mencioné unas líneas más arriba:

El sueño de un rey
-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé.
-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.

Lewis Carroll-«El sueño de un rey»